El fuego de las luminarias, según la tradición, “purifica las almas” de todos los que saltan por encima. En realidad, constituye un espectáculo nocturno a medio camino de un ritual y una manera de abrigarse del frío de invierno. En Deza, además, era una noche lúdica-competitiva. Se asaban patatas, cebollas,… lo que fuera y se cenaba en compañía de la gente del barrio. Se bebía, se cantaba, se hablaba, en fin se celebraba.
En la actualidad las hogueras se encienden por grupos de amigos que cenan, saltan el fuego, hablan, juegan y se calientan. Si se acercan a otras hogueras es para celebrar la noche de hogueras aunque en el pasado era tradición extender y apagar las otras. Se siguen asando patatas y cebollas, como parte de la cena. Las Hogueras que más gente atraen son las de la Inmaculada, la noche del 7 al 8 de diciembre que suele ser puente y los dezanos que viven fuera pueden acudir.
Fuente: Toñi